JOSÉ MANUEL RAMOS DE RIVAS
UNA VIDA DEDICADA A LA ORFEBRERÍA

Por Francisco Javier Sánchez de los Reyes

 

     En la singularidad de muchos elementos de los que el tópico, la leyenda y la realidad han dado a nombrar como lo sevillano, que posteriormente podemos definir y explicar mejor valiéndonos de la sociología o la antropología, se encuentra un gran aprecio por el Arte. Arte en sentido amplio, llevado a todos los ámbitos de la vida, el plástico, el arte de vivir, de expresarse, de entender y procesar la realidad.

     Junto con este aprecio por el Arte, la vigencia de las tradiciones en esta ciudad parece que va más allá del simple hecho de revivir algo heredado del pasado, que sólo tiene su razón de ser en ese mismo momento en que son recreadas, puestas en escena, para luego volver al baúl, apreciado pero añejo, de lo antiguo. Y quizá esa vigencia deba en parte su poder a ese sentido del Arte que está presente en muchos ciudadanos, formando parte de su ambiente, de su código de valores, de lo que se considera digno de aprecio y de admiración.

      La Semana Santa debe mucho a este aprecio por el Arte, por lo excepcional, por lo digno de apreciar y admirar, de tenerse en cuenta sobre otras cosas, arte que también (además de las creencias religiosas), insufla sangre y vida a una tradición que nunca ha estado conservada pero sin vida tal y como un cuerpo momificado.

      El llamado Arte Sacro para muchos sevillanos tiene una significación especial, quizá porque ensalza lo que conocen de primera mano y donde se ven representados, y es en esta ciudad donde sigue vivo con una pujanza, un nivel artístico y creativo ya perdido en otras muchas ciudades y centros antaño típicos en la producción de este tipo de objetos, indefensa ante el avance de los tiempos y sus circunstancias. En los últimos años, se está hablando de este sector como uno de los campos mas especializados de actividad económica en la ciudad, y así es, de lo que es directa responsable la vigencia de la Semana Santa y las Cofradías en general, así como estas artes también tienen, como ya hemos visto, un gran protagonismo en ese atractivo y permanencia de la Semana Santa.

    Y entre esa legión de artistas-artesanos que dedican su trabajo, vida y vocación al Arte Sacro, figuran con especial brillo los orfebres, el noble arte de los metales, cuyas ordenanzas gremiales se documentan ya en el siglo XIV, impulsadas por Alfonso X el Sabio.

 

INTRODUCCIÓN. LA ORFEBRERÍA EN EL SIGLO XX

    Centrándonos en el oficio de la orfebrería que hoy en día abarcan los diferentes maestros orfebres y que fué el que conoció y practicó durante toda su vida José Manuel Ramos de Rivas, hay que decir que tiene su arranque a comienzos del siglo XX, cuando a partir de la obra de Cayetano González para las Cofradías, la orfebrería dedicada a las mismas va a constituirse como una especialización aparte de la platería en sentido general, es decir, de lo que tiene que ver con todos los tipos de producciones y manufacturas en las que intervengan los nobles metales. Los orfebres cuyas piezas se documentan a lo largo de los siglos XIX y XX eran calificados como plateros, y se ejecutaban todo tipo de piezas, incluidas las de adorno personal y objetos domésticos, por lo que su faceta cofradiera constituía una parte pequeña, proporcionalmente entendida, sobre todas las demás.

    Es a partir de la labor de Cayetano González y de Eduardo Seco Imberg cuando comienza a difundirse la concepción del taller de orfebrería cuya clientela mayoritaria eran las Cofradías, lo que fue efecto también de un incremento de la demanda por parte de las mismas y de una cierta mejora en las condiciones económicas de las mismas. Esto ocurre en los años veinte, con la fiebre de mejoras y el remozamiento general de las Cofradías, como la ciudad en general, de cara a la Exposición Iberoamericana de 1929, y se consolida a principios de los años treinta. A la finalización de la Guerra Civil, se vive una auténtica eclosión de talleres, dirigidos por grandes maestros, de los que, posteriomente y en una primera "hornada" surgirán discípulos que se independizarían y que junto con sus maestros constituyen la base de la orfebrería de hoy en día, un entramado de maestros, oficiales y aprendices de cuyas estirpes todavía quedan algunos jóvenes en activo y al frente de talleres.

 

BREVE RESEÑA BIOGRÁFICA

    José Manuel Ramos de Rivas nace el 3 de Julio de 1946 en la calle San Clemente, en el sevillano barrio de la judería, quedando huérfano de padre a los 8 años de edad. Siendo aún muy joven, su hermana conoció al entonces joven Juan Fernández Barranco, cuyo padre, Juan Fernández Gómez, tenía abierto un taller de orfebrería desde 1936, donde trabajaba junto a éste. Ese fué el hecho providencial para que nuestro orfebre contactara con el mundo y el noble oficio de la orfebrería, comenzando en este taller su formación como aprendiz en 1959.

     De este taller pasa a otros más, que iremos detallando en el capítulo siguiente, donde se va formando y perfeccionando como maestro orfebre, matriculándose a la vez en la Escuela de Maestría Industrial para estudiar Delineación, y en la Escuela de Artes y Oficios para hacer lo propio con el Dibujo Artístico. En 1972 se casa con la que hoy es su viuda, Patrocinio Espinosa Mateos, matrimonio del que nacen sus hijos José Manuel (1974), Pedro (1976), y Jaime (1978), que actualmente siguen al frente del taller. Vinculado a la Hermandad de gloria de Nuestra Señora de la Alegría, de la Iglesia de San Bartolomé, fue Hermano Mayor de la misma desde 1996 hasta su muerte en 1999. En 1977 decide montar su propio taller, que pasa por distintas ubicaciones y fases de producción hasta ubicarse en las actuales instalaciones de La Rinconada en 1992.

     En 1996, la Fundación Machado le concede el premio Demófilo a las artes y artesanías dedicadas a las Cofradías, por su trabajo en los respiraderos del paso de palio de la Virgen del Refugio, de la Hermandad de San Bernardo. Falleció el 26 de Diciembre de 1999, como consecuencia de un derrame cerebral.

 

TRAYECTORIA PROFESIONAL

La primera fase de aprendizaje y formación (1959 - 1966)

    El paso de José Manuel Ramos de Rivas por hasta cuatro grandes talleres de orfebrería, con sus correspondientes maestros y oficiales, así como el trato y el trabajo, codo con codo, con otros maestros que hoy en día poseen prestigiosos talleres, da por resultado una formación artística donde se mezclan distintas influencia aliñadas por su personal forma y manera de entender el trabajo sobre el metal, madurada y formada con el paso de los años, resumen de lo mejor de estos maestros y talleres, que son la base de la Orfebrería actual.

    Ya hemos apuntado que su aprendizaje comenzó en el taller de Juan Fernández Gómez, que fué abierto en 1936, tras pasar su fundador por el taller de Cayetano González, del que fué discípulo directo. En ese taller, ubicado entonces en un local que hoy forma parte de la Iglesia de Santa Marina, trabaja con los hijos del maestro, Juan y Francisco Fernández Barranco, continuadores del taller con porterioridad a la muerte del fundador del taller. Es la primera escuela y los primeros conocimientos y rudimentos en el oficio para Ramos de Rivas.

    A la muerte del maestro, en 1964, pasa al taller de Villarreal, entonces en plena expansión y consolidado como uno de los grandes centros artesanales. Manuel Villarreal Fernández había sido encargado del prestigioso taller de Seco Velasco, el otro taller de la época, y de cuyo maestro había recibido los primeros conocimientos del oficio en las clases que impartía en el Colegio José María del Campo, en Triana. A mediados de los años cincuenta, Manuel Villarreal se independiza y monta taller propio en la calle Alfarería, también en el barrio trianero, que con el paso de los años, se convertirá en un gran taller de reconocida fama y prestigio.

     El taller de Villarreal era en aquella época y años siguientes un verdadero crisol de artistas y futuros maestros orfebres, que intercambiaron conocimientos y experiencias en su recinto. Gran parte de los maestros y talleres que hoy existen en Sevilla y provincia provienen del taller de Villarreal, donde figuraron como aprendices u oficiales; José Pérez Delgado (padre de los Hermanos Delgado), Antonio Pérez Barrios, Juan Borrero y Francisco Fernández (que en el futuro se independizarían con el nombre comercial de Orfebrería Triana), Ramón León Peñuelas, Rogelio Moreno, Antonio Gil... en este taller consolida sus enseñanzas de un primer período de juventud. Entre las obras en las que intervino Ramos como repujador destacan el techo de palio de plata de la Virgen de la Cabeza, de la Hermandad de las Siete Palabras, y los respiraderos del paso de la Virgen de la Caridad, del Baratillo.

    Pero, a los pocos años, pasa por poco tiempo al otro gran taller reseñado, el de Manuel Seco Velasco, ubicado en la calle Matahacas desde 1922, aunque fue a partir de finales de los años treinta cuando el taller logra una expansión y un desarrollo más que notable. Miembro de una familia de orfebres y plateros, Manuel Seco Velasco es, sin duda, uno de los grandes patriarcas de la Orfebrería sevillana, y su taller, durante los años cincuenta, fue el único que pudo competir con la fama y prestigio de Cayetano González, aportando un sentido muy destacable de la pulcritud en el trabajo. En este gran taller, Ramos de Rivas se encontró con otra legión de aprendices y oficiales, todos dirigidos férreamente por el maestro y encargados del taller. Entre ellos, figuraban José Zabala Osuna, Ricardo Cortés, Miguel González Pérez, modelista, José Lorenzo Aguilar, y los propios hijos del maestro, Manuel y Jerónimo Seco. Será uno de los talleres que marquen su aprendizaje y evolución como orfebre.

    Con el paso por este taller termina lo que hemos denominado primera fase de formación, todavía en plena juventud, que culminará con el establecimiento por su cuenta en 1966, lo que lleva a cabo en la calle Marqués del Nervión, en un corralón que comparte con otros oficiales y jóvenes orfebres, dedicándose más que nada a trabajos de orfebrería y restauración de antigüedades, así como a pequeños trabajos para los grandes talleres en los que había trabajado, además de sus primeras piezas propias. Poco dura la experiencia, pues al año siguiente marcha al servicio militar.

 

Consolidación y ampliación de conocimientos (1968 - 1977)

     En una segunda fase de su trayectoria profesional, y ya con un aprendizaje del oficio asentado, además de la experiencia y el bagaje adquirido al pasar por diferentes talleres, comienza a trabajar con otro de los grandes orfebres del siglo XX, Jesús Domínguez Vázquez, en su taller de la Calle Santa Clara, en el año 1968. Ya en aquellos años se había consolidado la trayectoria de este taller, cuyo maestro había evolucionado desde su inicial aprendizaje al lado de Cayetano González y Emilio García Armenta. En estos años se realiza, entre otras obras de interés, el moldurón del paso de palio de la Virgen de los Dolores, de las Penas de San Vicente, en el que interviene nuestro artista junto con el resto de los maestros y aprendices del taller. Su formación se aquilata y enriquece al lado de los maestros y aprendices de este gran taller de la época, experiencia ésta muy reseñable para su trayectoria profesional.

     En 1972 pasa al que fue su inicial lugar de trabajo y primer contacto con el oficio: el taller de Juan Fernández, ya en esos años dirigido por sus hijos con el nombre comercial de Hijos de Juan Fernández. Ya hemos visto cómo estaba ligado a este taller por razones de parentesco, pues una hermana de nuestro orfebre estaba casada con Juan Fernández Barranco, uno de los socios del taller junto a su hermano Francisco. Allí vuelve a coincidir con Antonio Gil y Ramón León Peñuelas, que habían trabajado con él en el taller de Villarreal, José Manuel Villarroya, el lampistero Antonio Durán... Una de las obras de mayor envergadura que acometió este taller por aquellos años fue el paso de palio completo de la Virgen del Buen Fin, de la Hermandad de la Lanzada, en el que también colaboró Ramos de Rivas como parte integrante del taller.

     Siempre en búsqueda de mejoras laborales en un gremio difícil, con unas condiciones precarias en muchas ocasiones y acostumbrado a una alta movilidad laboral, en 1975 el orfebre Luís Santos, con el que ya había mantenido ciertas relaciones laborales, decide incluirlo entre su personal del taller que tenía abierto en la calle Bustos Tavera. Tras una prolongada baja laboral, en 1977 José Manuel Ramos de Rivas decide establecerse por su cuenta, en su propio taller.

 

La apertura del taller y sus comienzos (1977 - 1987)

    Sin duda, esta fecha marca una línea de inflexión, pues aquí comienza su trayectoria imparable y decidida como maestro orfebre, contando ya con una experiencia acrisolada que se irá perfeccionando con el paso de los años, fruto de su paso por tantos y variados talleres. En el callejón Barrau, en la calle Campamento, del barrio de San Bernardo, comienza su actividad, que en principio se nutre de los trabajos a cuenta de otros talleres, que en épocas de alta productividad cuentan con otros orfebres para que les realicen trabajos parciales que luego montan en el taller titular del trabajo. Así, poco a poco comienza a labrarse una cartera de clientes que cristalizará definitivamente a través de encargos de cierta envergadura e importancia en 1978, trasladando el taller a la calle Lira, en San Julián, contando con la colaboración de Emilio Méndez y realizando asimismo trabajos por cuenta ajena, para el taller de su cuñado (Hijos de Juan Fernández), y el de Juan Antonio Borrero y Francisco Fernández, que en aquellos años acababan de montar un taller de orfebrería con el nombre comercial de Orfebrería Triana

    Al año siguiente pasa a la calle Muñoz Seca, en el barrio de Nervión, continuando con la trayectoria ya emprendida de clientes y trabajos para otros talleres, aunque, poco a poco, va ampliando su círculo y su nombre va adquiriendo notoriedad. De allí pasa en 1980 a la calle Casariche, en el distrito Sur. En estos años se ve notablemente influenciado por los orfebres ya mencionados Juan Borrero, como dibujante y repujador, y Francisco Fernández, como lampistero, cuyos conocimientos e intercambio de experiencias supuso un nuevo enriquecimiento en su trayectoria, terminando de asentar y definir su personalidad artística.

     Buscando continuamente unas condiciones idóneas de ubicación y alquiler, el taller experimenta nuevos traslados en 1984 a la calle Lucena, en las inmediaciones de la Avenida de los Gavilanes, y en 1987 de nuevo a la calle Marqués del Nervión, cerca de donde se instaló por primera vez y en cuyo ámbito geográfico, al que estuvo ligado por encima de otras zonas, se forjarían las relaciones que le aportarían encargos de cierta importancia para hermandades sevillanas que residían en la zona (San Bernardo, la Sed de Nervión), lo que impulsa definitivamente al renombre de su taller, consolidándose plenamente y logrando dedicar todo el tiempo de trabajo a la elaboración de piezas propias del maestro, no pudiendo ya aceptar los trabajos para otros talleres.

 

Asentamiento definitivo del taller y reconocimiento público (1987 - 1999)

     El año 1987 marca otra línea de inflexión, en este caso de la trayectoria de Ramos de Rivas al frente de su propio taller, pues a partir de esa fecha su ámbito de clientela se extiende por diversos lugares de la provincia de gran interés y prestigio, así como al importante mercado de la vecina ciudad de Málaga, elaborándose piezas de un notable empeño artístico e importancia. Asimismo, comienza a trabajar para las sevillanas hermandades de los Estudiantes y San Bernardo, vecina al taller.

     Después de un lamentable incendio en el recinto de Marqués de Nervión, y ante la necesidad de ampliar el espacio del taller, en 1992 se traslada a la vecina localidad de La Rinconada, donde inaugura unas instalaciones muy considerables en dicho año. En 1996 elabora su pieza maestra: los respiraderos en plata de ley sobredorada del paso de la Virgen del Refugio, de la Hermandad de San Bernardo, por lo que recibirá el premio Demófilo, que otorga la Fundación Machado a las artes y artesanías dedicadas a la Semana Santa en su edición de dicho año. Este hito supone la culminación de su amplia trayectoria profesional, además del reconocimiento a su experiencia como maestro orfebre y el momento álgido del taller con el maestro en vida. En él se forman jóvenes orfebres que tienen aquí su primer contacto profesional con el oficio, destacando José Manuel González García y Demetrio García Figueras, además de sus tres hijos.

 

Fallecimiento del maestro

    Tras la pérdida de José Manuel Ramos de Rivas a finales de 1999, se hacen cargo del taller sus tres hijos, José Manuel, Pedro y Jaime.

    La extraordinaria juventud con la que tuvieron que hacer frente a esta situación nada fácil (con 25, 23 y 21 años respectivamente), les ha hecho reconducir la organización y la gestión del taller según sus formas desde la inicial comandada por su padre, aunque nunca han dejado de producir piezas muy singulares y de gran importancia, contando ya con una clientela y un prestigio consolidado que se han encargado de aumentar. Ya hemos apuntado que los tres aprendieron el oficio de su padre, destacando cada uno en un aspecto diferenciado del taller, lo que los hace complementarios y armónicos en su funcionamiento. José Manuel se encarga de las labores de dibujo y repujado artístico, Pedro de la lampistería, aspecto éste del oficio orfebre que tiene vital importancia, y Jaime, que además de repujar junto a José Manuel, dedica gran parte de su tiempo a la gestión y labores administrativas.

    En este período que abarca hasta la actualidad, la cartera de clientes se ha ampliado, tanto en otras ciudades andaluzas como en la provincia y en la misma Sevilla, llegando a elaborarse piezas que han colocado al taller de nuevo en un elevado y prestigioso lugar dentro del concierto de los talleres dedicados a nuestras cofradías. Obras como la candelería del Paso de la Virgen de Guadalupe, de la Hermandad de las Aguas, los faroles de la cruz de guía de la Hermandad de San Bernardo, y sobre todo los respiraderos en plata de ley de la Virgen de Gracia y Esperanza, de la Hermandad de San Roque, y la candelería también en plata de ley actualmente en realización del paso de la Virgen de la Angustia, de la Hermandad de los Estudiantes, marcan otro momento actual de apogeo del taller, en este caso dirigido ya por los hijos del difunto maestro, que han sabido continuar y prestigiar los conocimientos que de él aprendieron, contribuyendo así a perpetuar su memoria y el noble oficio de la orfebrería.

 

LA OBRA

Las primeras obras en el taller propio (1977 - 1987)

    En nuestro recorrido por las obras del artista, vamos a centrarnos en las que nos parecen más interesantes y representativas de su trayectoria. Ya hemos anotado que gran parte de la clientela que tuvo el taller en primera instancia eran otros talleres de orfebrería ya consolidados que recurrían a los servicios como repujador fundamentalmente de Ramos de Rivas. Pero poco a poco se van realizando pequeños trabajos, que constituirán las bases necesarias para que el taller vaya adquiriendo renombre y prestigio.

    De entre todas, destacan los candelabros de cola para el paso de palio de la Virgen de Consolación, de la Hermandad de la Sed, que en aquellos años todavía no había realizado estación de penitencia a la Catedral, realizando la salida procesional por las calles del barrio de Nervión el Viernes de Dolores. Ramos compuso unos airosos candelabros ajustados a una hermandad humilde por entonces, pero con unos basamentos muy originales y alusivos a la advocación de la titular de la Cofradía, que se constituían por una barca flanqueada por dos querubines, realizados en metal plateado. También realizó unos respiraderos para dicho paso de palio, hoy sustituídos, donde ya demostraba, pese a los límites del presupuesto del que la Hermandad disponía, una habilidad especial para componer este tipo de piezas con simplicidad compositiva pero con efecto y gracia especiales.

    También merece la pena citar los respiraderos de la Hermandad del Gran Poder de Coria del Río, donde de nuevo compone unos respiraderos con una simplicidad de líneas ajustada al presupuesto de la Hermandad, pero sabiéndola defender tanto en su diseño como en su técnica, próxima en cierta forma a la utilizada en talleres como Hijos de Juan Fernández o Jesús Domínguez.

Carreta de la Hermandad del Rocío de Lebrija

   Ya en los primeros años ochenta vamos a destacar la carreta de la Hermandad del Rocío de Lebrija, trabajo de cierta complejidad debido al diseño de su techo, con secciones de bóveda mixtilíneas que se apoyan en seis columnas abalaustradas. Para Castilblanco de los Arroyos, realiza el templete procesional que alberga a la imagen de San Benito de Nursia.

 

Obras de madurez (1987 - 1992)

     Entre sus primeros trabajos para la vecina ciudad de Málaga, ya a comienzos de la década de los noventa, destaca, por un lado, la corona de la Virgen del Gran Perdón, de la Cofradía del Prendimiento, de alto canasto, discretos imperiales y proporcionada ráfaga. La calidad del repujado y abultado, la composición de la ornamentación y la proporcionalidad de la obra con respecto a la imagen a la que estaba destinada demuestra ya a un orfebre en la plenitud de sus facultades tanto técnicas como artísticas o creativas. Por otro, la orfebrería del trono de Jesús de la Salutación, de la Cofradía del mismo nombre, en especial sus faroles de las esquinas, compuestos con elegancia y sin complicaciones, pero recurriendo a unos contrafuertes aplicados estratégicamente en las aristas de sus seis caras que le otorgan esa gracia y riqueza de líneas que tanto gusta al público cofrade.

   Ya por estos años comienzan los primeros contactos y obras para Hermandades sevillanas, como los faroles de cruz de guía de la Hermandad de los Estudiantes, basándose en el estilo de la orfebrería del paso de palio, diseñada por Joaquín Castilla, resultando una composición elegante y, sobre todo, muy adecuada y propia de la cofradía promotora del encargo. Esta cualidad de José Manuel Ramos de Rivas que ya hemos venido adivinando será ya una constante en sus obras para Hermandades que ya tienen un estilo y unos enseres consolidados, caso de ésta de los Estudiantes o de la Hermandad de San Bernardo, estudiando concienzudamente el estilo ornamental, las formas, lo adecuado a cada caso, adaptando su personalidad artística a la Hermandad, exhibiendo una versatilidad que en ocasiones es poco valorada por el mundo cofrade en general, en razón de la novedad y las modas de todo tipo.

 

Las obras maestras (1992 - 1999)

     La primera pieza de envergadura realizada para un paso sevillano se estrena en 1992: los candelabros de cola de la Virgen del Refugio, de la Hermandad de San Bernardo, realizados en plata de ley. Sobre el propósito de la hermandad de mantener el basamento de los anteriores, curiosamente y como rasgo insólito en los pasos de palio sevillanos realizados en madera tallada y dorada, con dos querubines flanqueándolos, Ramos de Rivas alza un conjunto de 13 luces, para lo que estudia detenidamente el estilo del paso y su orfebrería, ciertamente con un sello antiguo y clásico.

    Sobre el basamento de madera dorada, se alza un cuerpo hexagonal prismático, que sirve de base al distribuidor general que se abre en hojarasca y del que surgen los brazos y otros distribuidores secundarios. Lejos de abultar y sobrecargar en demasía con ello la obra, proporcionó un elegante y clásico repujado a los tubos de los brazos, salpicados de cuando en cuando por nudetes y hojarascas sobrepuestas doradas. Destaca el tratamiento y abultado de la hojarasca de dichos nudetes y distribuidores, así como la inserción de aplatillados o superficies circulares planas de metal, propias de la elegancia de la orfebrería de otra época, que empleó sabiamente en las tazas de cada tulipa.

    Precisamente el empleo de estos aplatillados es un rasgo que podemos tomar como  símbolo de la elegancia casi erudita del maestro, de su observación de las formas y técnicas del pasado y de la orfebrería más tradicional en el sentido cabal del término.

    Una obra no de gran envergadura pero muy interesante es el relicario para la Hermandad de San Benito, de Castilblanco de los Arroyos, de ese mismo año, con interesante pie de clara inspiracrión manierista y puertas con un dibujo de casetones de gran elegancia y originalidad.

    De 1993, ya en la ubicación de La Rinconada, destacan un interesante Paso de Palio para la Hermandad de la Vera-Cruz de Castilblanco de los Arroyos, combinando el metal plateado y repujado con la madera en color caoba, muy airoso y bien compuesto, y unos faroles para la Hermandad sevillana de San Roque, además del remate de su estandarte. Aunque no sea una obra de gran envergadura, sí merece citarse por la importancia del acto para la que fue contratada; se trata del enriquecimiento y restauración de las coronas de la Virgen de los Milagros de la Rábida, realizadas por Seco Velasco en 1965, y que utilizaron para la Coronación Canónica de la imagen a manos del mismo Papa Juan Pablo II el 14 de Junio de 1993. En dicha ocasión también se estrenó una cruz alzada de un estilo gótico muy bien integrado con la época de ejecución de la imagen.

     En 1994 se proyectan los respiraderos de la Cofradía de la Presentación al Pueblo, de Dos Hermanas, en que ya interviene, junto a su padre, José Manuel Ramos Espinosa, obra ésta de gran envergadura, en la que se mezclan los estilos de orfebrería actuales y que supusieron un amplio campo para que sus hijos se familiarizaran con las complejidades técnicas que esta obra presentaba. Para Málaga no deja de trabajar nuestro maesro, entregando en dicho año una bellísima corona de estilo antequerano para la cofradía de la Salutación, no diseñada por él, pero sabiendo interpretar magistralmente los dibujos de Jesús Castellanos (algo para lo que se requiere bastante experiencia y finura), y proporcionarle al mismo la riqueza de abultados y matices apropiada en cada motivo ornamental.

    Es entonces cuando comienza a gestarse el proyecto de respiraderos para el paso de palio de la Virgen del Refugio. La base sobre la que el maestro se inspira es la de los antiguos respiraderos que en aquel entonces lucía el paso, obra de Eduardo Seco Imberg, de 1927. Sin querer alterar caprichosamente las líneas del paso en aras de una mayor riqueza o adaptación a los gustos del momento, Ramos de Rivas ideó un respiradero con un molduraje corrido, sin ingletes, siguiendo la línea del primitivo, pero dándole más fuerza, más anchura en su conjunto, y un aspecto más arquitectónico. La riqueza y valentía de este nuevo moldurón y su bello perfil se mezcla con una gran elegancia y un gusto por los detalles ciertamente destacable, combinando lisos y matizados con sabiduría y sin recurrir a los complicados y recurrentes alardes ornamentales de la orfebrería contemporánea.

    En los paños, volvió a interpretar el dibujo renacentista de tallos vegetales que surgen de candelieris abalaustrados que tenía el antiguo, pero dándole mayor riqueza plástica, acercando más los motivos a la carnosidad del barroco, pero sin alterar en demasía y apoyándose siempre en el antiguo. Estos paños corridos, sin capillas, están trabajados de manera sobresaliente en su abultado y repujado, lleno de detalles y con gran plasticidad y valentía.

    En las maniguetas, de nuevo aparecen los aplatillados, elementos que utilizó según hemos visto en los candelabros de esta misma cofradía, proporcionándoles gran elegancia y estilizándolos en el resto de su composición, utilizando los contrastes de mates y lisos con sabia armonía. Las maniguetas con un desarrollo considerable, pero estilizadas, tomando como base en su comosición el balaustre cilíndrico renacentista, serán un sello de este taller de orfebrería, continuado sabiamente por sus hijos, en especial por el proyectista José Manuel.

    Ya hemos comentado cómo la Fundación Machado concedió a José Manuel Ramos de Rivas el premio Demófilo de las artes y artesanías de la Semana Santa sevillana en su edición de 1996, año de su estreno, como mejor obra de artesanía permanente, por su clásica concepción, adaptación al estilo del paso procesional e inmejorable y tradicional técnica.

    Ya en 1997 comienzan los trabajos de la nueva candelería del paso de la Virgen de la Cabeza, de la Hermandad de las Siete Palabras, cuya Hermandad estaba inmersa en la reforma de este paso. Concibe unos candeleros de gran clacisismo y gracia de líneas, que se van estrenando por fases hasta su total conclusión en 1999.

Templete de entrecalle, para el paso de palio de María Stma. del Refugio

    En 1998 vuelve a trabajar para la Hermandad de San Bernardo, terminando la reproducción del templete de la Plaza del Triunfo en plata dorada y a pequeña escala, para el frontal del paso de la Virgen del Refugio. Una pequeña obra realizada con gran mimo y el especial cuidado por el detalle y la pulcritud de las que hacía gala. En ese mismo año destacan entre sus producciones unos ciriales para la hermandad gaditana del Nazareno, de una original y rica composición, y donde emplea la rocalla con un gran sentido decorativo. En 1999 entrega para la Agrupación de Cofradías de Málaga la peana del trono de la Virgen Reina de los Cielos, según diseño de Jesús Castellanos, con un buen trabajo de lampistería y lisos.

    Las últimas obras en las que trabajó directamente el maestro fue la primera fase del paso de la Virgen de los Desamparados, de Cádiz, que abarcaba los respiraderos y candelabros, estrenados en dicho año de 1999, dejando proyectada la canastilla y la peana que llevaron a cabo sus hijos. También trabajó el Sagrario de la Hermandad de la Esperanza de Huelva, de gran sobriedad y clasicismo arquitectónico y donde destaca el relieve de la Coronación de la Virgen que figura en su puerta, obra realizada en su mayor parte  por su hijo José Manuel. Entre los proyectos que se realizaron bajo su criterio y supervisión, pero que no llegó a ejecutar, además de la canastilla del paso antes mencionado de Cádiz, figuran un buen número de enseres para la Cofradía de las Aguas, como son la candelería del paso de palio de la virgen de Guadalupe, los casquillos de la cruz del Cristo de las Aguas, muy originales en su concepción, al rematarse por jarras con azucenas, recurso ornamental inspirado en la Giralda, y un relicario que hacía alusión a los impedidos del Hospital de la Caridad.

 

Continuación del taller tras el fallecimiento del maestro

  Tras la muerte de José Manuel Ramos de Rivas, sus tres hijos, tal y como ya ha quedado expuesto, se hacen cargo del taller.

  Es ahora cuando los tres hermanos asumen definitivamente las responsabilidades que ya habían ensayado y practicado en vida de su progenitor. José Manuel asume las tareas de diseño y dirección artística, uniendo a todo lo heredado de su padre su particular talento y estilo personal.

  Tras la finalización de los trabajos para la Cofradía de las Aguas ya proyectados por el maestro (salvo la candelería, aún inconclusa), destaca ya en el año 2000 un interesante resplandor para la Virgen de la Esperanza de Huelva, casi exclusivamente a base de rayos individuales y lisos, con diseño del onubense Enrique Bendala, interpretado y resuelto con gran pericia por los jóvenes orfebres.

   Para la ciudad de Córdoba, destacan unas bocinas y unos faroles para la Hermandad de la Estrella, de gran riqueza y complejidad, donde José Manuel Ramos Espinosa recurre ya a un lenguaje ornamental más personal y adaptado a los gustos del momento. Para Granada, comienzan los respiraderos de la Cofradía de la Cena, según boceto del granadino L. Ignacio Fernández-Aragón Sánchez, desarrollado e interpretado en el taller, de cierta complejidad y gran calidad de abultado sobre modelos de aluminio de una escala considerable y relieves y volúmenes muy considerables.

Llamador del paso de palio, para la Hermandad de San Bernardo

   Para la Hermandad de San Bernardo concluyen el original llamador del paso de palio (2001), que figura una media luna entre querubines, formando una composición con el templete mariano que fue ejecutado en el taller tres años antes, y cuatro faroles para la cruz de guía, inspirados en la cúpula del templo donde radica la Hermandad (2004).

   Partiendo del modelo de gestión y producción paterno, y tras estos primeros años, de tanteo y ensayo, el taller tiene que pasar por el lógico reajuste a otro modelo de gestión propio de la nueva realidad, que surge de la mentalidad, conceptos y expectativas propias de los tres hermanos que forman la empresa.

   En 2002 se proyecta la obra de mayor envergadura ya concluida y entregada hasta la actualidad; los respiraderos del paso de palio de la Virgen de Gracia y Esperanza, de la Cofradía de San Roque, de Sevilla, que se estrenan en 2004. Constituyen una obra en la más pura línea del maestro del taller; respeto máximo por la silueta, la personalidad y el concepto del respiradero ya preexistente, enriquecimiento del mismo en ciertas partes muy estudiadas además del trabajo de abultado y volúmenes, uso elegante de lisos y recursos ornamentales clásicos en la orfebrería sevillana, pulcritud y limpieza en el repujado y lampistería, maniguetas muy estilizadas apoyadas en ménsulas, etc. En suma, un trabajo realizado con el buen criterio hoy ya difícil de encontrar que preside la trayectoria del taller.

   En el citado año de 2002 se lleva a cabo otra obra de gran envergadura y complejidad; la peana de la Virgen de la Soledad de la Hermandad de la Vera-Cruz, de Cádiz. Obra ya de las más personales y artísticas de José Manuel Ramos Espinosa en concepción y desarrollo, y donde deja entrever su capacidad innovadora, el estilo empleado es básicamente el rococó, apartándose de las clásicas peanas de orfebrería para pasos de palio y acercando la silueta y el concepto al trabajo de la talla en madera. Precisamente por ello, la valentía y volumetría presiden el difícil trabajo en plata, con un amplio trabajo sobre modelos de aluminio de gran tamaño.

    El gran proyecto en el que se encuentran ahora inmersos es el de la candelería en plata de ley para el paso de la Virgen de la Angustia, de la Hermandad de los Estudiantes, de Sevilla. Tras varios proyectos que se van definiendo y perfilando progresivamente, el modelo queda fijado en 2005, comenzando en dicho año la realización de los candeleros que irán completándose progresivamente en años venideros. Están basados en la platería antigua, en especial los blandones y candeleros de la Catedral sevillana. Este trabajo tiene una importancia especial, por tratarse de un paso emblemático en las artes cofradieras, de orfebrería y bordado, donde han trabajo los mejores artistas en su especialidad, y situado en el inconsciente colectivo como el culmen de riqueza, belleza y perfección técnica. De nuevo destaca en el trabajo el sello del taller de Ramos en la observación de técnicas, formas y estilos antiguos, en la elegancia de los lisos y en la perfección por el detalle. Una gran obra que rematará y que supone el reconocimiento al trabajo diario y a la trayectoria en solitario de estos tres hermanos.

 

RESTAURACIONES

   Otro de los trabajos importantes que ocupan a nuestros talleres de orfebrería es la restauración de enseres y elementos procesionales de las cofradías, ya sea pertenecientes a pasos procesionales o para culto interno.

   A lo largo de la trayectoria de José Manuel Ramos de Rivas ya vimos cómo dedicó algún que otro año a la restauración de antigüedades. Este trabajo proporciona una base, que ha pasado al taller y a sus hijos. Las obras restauradas más importantes merecen la pena ser reseñadas; del trato directo con ellas los orfebres aprenden y se impregnan de técnicas y estilos de antaño, que luego plasman en sus obras de nueva factura, lo que tiene un alto valor e interés.

Ostensorio de la Hermandad Sacramental de San Bartolomé

   Entre ellas se encuentra el ostensorio de la Hermandad Sacramental de San Bartolomé, de Sevilla, magnífica obra de valor museable, regalada a la Hermandad en 1801, que mezcla el estilo rococó con el neoclásico. También llevó a cabo la restauración de los blandones de la citada Cofradía, de principios del XIX, así como diversas restauraciones de piezas de platería de la Catedral de Málaga.

  El paso de palio de la Virgen de la Angustia, de la Hermandad de los Estudiantes, obra de Emilio García Armenta diseñado en su integridad por Joaquín Castilla, obra emblemática de las artes cofradieras como ya hemos visto, fue restaurado en el taller entre 1997 y 1999.

   Los respiraderos de la Hermandad de gloria de la Virgen de las Nieves, de la iglesia del mismo nombre, magnífica obra de Fernando Cruz, fueron restaurados en el taller en 1999, así como la custodia de asiento de la Hermandad de San Bernardo, obra del S. XIX y varios enseres de esta Cofradía, entre ellos la corona de la Virgen del Refugio, de Seco Velasco, los faroles del Señor de las Penas, de la Hermandad de San Roque, y casi toda la orfebrería del paso de palio de la citada hermandad, entre otras muchas.

 

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FUENTES DOCUMENTALES Y BIBLIOGRAFIA


Dentro del apartado bibliográfico destacan los siguientes autores;

 
- Carrero Rodríguez, Juan;
          - "Diccionario Cofrade". Editorial Castillejo. Sevilla, 2002.
          - "Anales de las Cofradías Sevillanas". Editorial Castillejo. Sevilla, 1990.
 
 
- García Olloqui, María Victoria;
          - "Orfebrería sevillana; Cayetano González". Ediciones Guadalquivir. Sevilla, 1992.
          - "La orfebrería sevillana del siglo XX". Tomo 8 de la obra "Arte y Artesanos de la Semana Santa de Sevilla". Edita El Correo de Andalucía. Sevilla, 2000.
 
 
- Ollero Lobato, Francisco;
          - "La evolución histórica de los oficios artísticos vinculados a la Semana Santa". "En Creación y Forma". "Los gremios, artes y oficios de la Semana Santa sevillana". Edita Excmo. Ayuntamiento de Sevilla. 2005.

 

Entre la documentación de diversa procedencia, reseñamos las siguientes;

- Diversos artículos y noticias consultados del Boletín de las Cofradías de Sevilla. 1987 - 2006.

- Diversos recortes de prensa (El Correo de Andalucía, diario ABC, Diario de Sevilla), de varios años. 1992 - 2006.

- Revistas anuales de Semana Santa de varias localidades (Málaga, Cádiz, Castilblanco de los Arroyos, Córdoba), y Boletines editados por diversas Cofradías de Sevilla, Cádiz y Málaga.

- Información en textos y fotografías facilitados por el taller de Orfebrería Ramos.

 

También hay que mencionar nuestras conversaciones con José Manuel Ramos Espinosa, hijo de José Manuel Ramos de Rivas.

 

SEVILLA, OCTUBRE DE 2006 

 


info@orfebreriaramos.es